Piensa mal y acertarás

¿Cuántas veces lo has escuchado? Y lo que es peor, ¿cuántas veces lo has pensado? Hasta donde alcanza mi memoria, siempre he oído esa frase independientemente del tema de conversación y de los protagonistas de la misma. Como ésta, hay muchas frases hechas y comentarios que se hacen a diario y, al final, terminan convirtiéndose en creencias fuertemente arraigadas.

Lo que se comunica con el “piensa mal y acertarás” es que, para llevarse menos sorpresas en la vida y estar mejor preparado para reaccionar y adaptarse a lo que pueda venir, lo que hay que hacer es pensar que algo malo va a pasar. En el plano relacional, esta frase fomenta la desconfianza en el otro y ante la incertidumbre, hace pensar a la persona que si algo puede salir mal, saldrá mal. En el plano deportivo el “piensa mal y acertarás” no encaja en ningún enfoque sano del deporte. Esta creencia nos lleva a pensar que “el árbitro de hoy nos va a pitar fatal porque nos tiene manía”, “contra estos bestias seguro que alguno se lesiona” u “hoy que jugamos contra los líderes seguro que el entrenador no me sacará de titular”.

escaladaEs evidente que el “piensa mal y acertarás” no es una creencia positiva ni tampoco la más adaptativa. Pero no podemos corregir una creencia sin tener otras alternativas, nos hace falta una creencia más acertada; y aquí es donde aparece mi madre *. Hace años me enseñó a base de repeticiones que no hay que pensar mal para acertar, lo que hay que hacer es esperar lo mejor y prepararse para lo peor. Desde que lo interioricé, cada vez que escucho el “piensa mal…” me sale automáticamente “¡NO! Piensa bien, pero prepárate para lo peor.” En la frase hay que diferenciar dos aspectos, por un lado lo que uno se espera (expectativas) y por otro lado lo que uno hace al respecto (prepararse).

No aporta ninguna ventaja esperarse lo peor en la vida; lo que sí aporta ventajas es pensar y prever aquello que puede salir mal, o que se puede complicar para poder reaccionar mejor. Pensar antes de un partido que el árbitro me va perjudicar con su arbitraje (expectativas) no me sirve de nada si no me planteo qué puedo hacer cuando eso ocurra (prepararse). Cuando pensamos mal y acertamos, nos enfadamos porque “lo sabía, ya lo decía yo desde el principio…”; cuando esperamos lo mejor y nos preparamos para lo peor, nos aseguramos de que reaccionaremos de la mejor manera que podamos ante lo que vaya a suceder. Si es algo bueno, genial; y si es algo malo, estaremos preparados.

*Nota: algunos años antes que mi madre, el escritor y vendedor Zig Ziglar (1926-2012) dijo:
“Espera lo mejor. Prepárate para lo peor. Saca provecho de lo que viene.”