Presión de Entrenador

Los deportistas no necesitan presiones añadidas; todos queremos hacerlo bien, todos queremos divertirnos, todos queremos ganar, pero nadie quiere recibir gritos, ni pasar un mal momento en el terreno de juego. Las fuentes de presión para un deportista pueden ser muy variadas, desde la presión por ganar que cada uno se autoimpone a las expectativas generadas por los aficionados, prensa, etc. El deportista tiene suficiente trabajo con intentar rendir al máximo posible mientras gestiona esa presión autoimpuesta y, generalmente, no es beneficioso aumentar la presión desde un foco externo.

En ocasiones sin darnos cuenta, los entrenadores nos convertimos en esa fuente de presión externa para los jugadores y deportistas; el buen entrenador es el que sabe gestionar e intercalar las tensiones positivas con los momentos de descanso. Son muchos los entrenadores que, cuando las cosas no salen bien, reaccionan golpeando lo que encuentran (botellas, sillas, material deportivo, etc.) y criticando sin pudor todo lo que se les pasa por la cabeza; lo cual incrementa la presión y el sentimiento de culpa en el equipo. Tengamos o no razón, las malas formas y esta manera de corregir bloquean a los deportistas y les genera inseguridad, lo que no aporta ningún beneficio ni para el individuo ni para el equipo.

klopp

Generalmente, los entrenadores presionamos a los deportistas cuando cometemos alguno de los siguientes errores:

  1. Gritar. El que grita, intimida y se comporta de una forma agresiva (con o sin razón), bloquea y genera miedo a quien le escucha. El miedo es un mal compañero de quien compite porque impide que pueda jugar fluido y sin errores. La ira y agresividad conduce al desastre del equipo.
  2. Falta de control. Un buen entrenador debe tener capacidad de autocontrol. Nadie quiere ser dirigido por una persona que no tiene control, que no sabe manejar sus emociones.
  3. Falta de información. Encerrarse en uno mismo y la falta de información cuando se pierde un partido, genera inseguridad. Los jugadores necesitan saber que piensa y siente el entrenador, pero de forma asertiva.
  4. Falta de optimismo. Tras una derrota es necesario saber gestionar las emociones para trasladar optimismo en los momentos difíciles. Los grandes líderes son capaces de contagiar entusiasmo cuando vienen mal dadas.
  5. Exigencias inadecuadas. Los objetivos ambiciosos generan motivación, pero exigir más de lo que el grupo puede dar genera ansiedad y bloqueo, al igual que pedir a un jugador cosas para las que no se siente preparado: se bloquea.
  6. No cuidar a los lesionados. Los lesionados volverán a competir cuando estén recuperados, bastante sufren sin poder participar como para presionarles para que aceleren la recuperación y puedan volver a competir antes. Hay que respetar los tiempos que exigen los médicos y profesionales que nos acompañan.

Si los entrenadores cuidamos nuestras acciones, tendremos una mayor facilidad para controlar el nivel de presión que transmitimos a nuestro equipo en cada momento. Lo cual influye directamente en la calidad del trabajo, el rendimiento final del grupo y en la salud y bienestar de los deportistas.

“Cuando comienza a pensar en la presión, es porque ha comenzado a pensar en el fracaso.”
Tommy Lasorda (1927-…)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s