Cuestión de Educación

Hace poco leí en un periódico un reportaje sobre el deporte infantil y las abusivas diferencias en los marcadores finales. En su mayor parte hacía referencia al fútbol, pero me parece que es aplicable a todos los deportes practicados por los jóvenes. Realmente, ¿qué aporta terminar un partido con 30 goles o 50 puntos de diferencia? Tanto para los “vencedores” como para los “vencidos”, ¿cuál es el aprendizaje que se ha llevado a cabo durante la competición?

Lo que se aprende es que “si puedes machacar, machaca”, que por ser superior en alguno o varios aspectos (técnica, táctica, físico, etc.) se tiene derecho a humillar al de enfrente. Se aprende a ver al equipo rival como a un enemigo de guerra, lo cual permite realizar cualquier acción con tal de alcanzar el objetivo de derrotarlo y demostrar la “innegable” superioridad.

corroSabemos que el deporte representa una gran fuente de oportunidades para el desarrollo y la formación, por tanto transmitir esta “filosofía de guerra” resulta contraproducente. Los jóvenes aplican en su día a día lo que aprenden en el mundo del deporte y, personalmente, no me gustaría que se inculcara a mis hijos que ser mejores en algo, les da derecho a humillar al rival, faltarle al respeto y disfrutar con ello. Preferiría que se les enseñara a empatizar con el rival, a sentirse mal cuando ven a alguien sufrir, a respetar a las personas y a disfrutar con los compañeros.

En el reportaje exponían algunas de las soluciones que se han ideado para controlar este fenómeno como dar por finalizado el partido, cerrar el acta, sancionar al club y entrenador o establecer un tanteo especial. Son buenas ideas y muchas de ellas lograrán el objetivo establecido, pero en lugar de controlar los marcadores, ¿por qué no nos centramos en controlar a los entrenadores? Es decir, ¿no es mejor enseñar a los entrenadores de categorías formativas a ser buenos educadores deportivos, que controlar y sancionar los resultados? El asunto es cuestión de EDUCACIÓN. Si el entrenador no sabe educar, no debe entrenar a esas edades. O aprendemos a educar, o mejor que no entrenemos a las nuevas generaciones.

Si continuamos educando en valores de competitividad, superioridad, selección natural, etc. seguiremos fomentando una sociedad egoísta y orgullosa. Soy consciente de que la educación no solo se produce en el ámbito deportivo, la educación se extiende a todo contexto vital: amistades, familia, estudios, cultura, espiritualidad, arte,… Pero no por ello vamos a descuidarla en el mundo del deporte. Lo que está claro es que, hoy por hoy, el deporte de primer nivel no es el mejor ejemplo de una correcta educación.

Quienes sí son un ejemplo, y además extraordinario, son los protagonistas del siguiente vídeo:

“Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede.”
Edward Benjamin Britten (1913-1976)

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