Detrás del Silbato

Es importante aclarar que cuando se habla de deporte, inevitablemente se hace referencia a todas sus connotaciones. El deporte no se puede entender sin la figura que controla y pone en práctica el reglamento: el árbitro o juez. La presencia del árbitro o juez deportivo es necesaria para la práctica deportiva, su ausencia mina la competición y la regulación de la práctica.

juez de sillaNormalmente se presta atención a los jueces y árbitros cuando se les analiza en competiciones, campeonatos o en los partidos de cada fin de semana. En la mayor parte de los casos, dicho análisis se centra en criticar la labor arbitral y, en general, esas críticas son realizadas subjetivamente por aficionados y/o periodistas. En algunas ocasiones, las críticas suelen responsabilizar a los árbitros de los fracasos y se centran casi exclusivamente en los posibles errores de los mismos.

Por otro lado, hay que considerar la complejidad de la labor arbitral: debe atender a cada acción del juego, a cada uno de los participantes, realizar numerosos e instantáneos juicios y su respectiva toma de decisiones durante las competiciones. De igual manera, es necesario precisar que en la profesión de árbitro o juez se convive con una alta probabilidad de cometer errores; por lo que su objetivo es evitarlos o reducirlos al mínimo.

mario bernaolaLas consecuencias de los errores afectan tanto a los árbitros como a los jugadores, entrenadores, directivos, aficionados, etc. Los deportistas pueden ver truncados sus esfuerzos por un error arbitral que impida una clasificación, la obtención de una medalla o el ascenso de categoría. Igualmente los entrenadores pueden ver amenazada su continuidad en el equipo.

Normalmente, gran parte del público se olvida de la otra vida que lleva el árbitro, el entorno donde vive y trabaja, su familia, amistades, etc. Es un error pensar que a los árbitros no les influyen sus propios fallos; la vida normal y familiar que llevan puede verse afectada tanto por la importancia que adquiere su labor arbitral, como por posibles errores cometidos durante dicha labor.

Michael Jordan #23Tras comprobar que la labor arbitral es imprescindible para la práctica deportiva y que la tarea tiene un elevado nivel de complejidad, lo más adecuado es ofrecer esta perspectiva a jugadores y entrenadores: Sin arbitraje no hay competición, es muy complicado arbitrar sin cometer errores y los jueces y árbitros también son personas y profesionales merecedoras de respeto. Teniendo en cuenta esta información, estaremos mejor preparados para reaccionar adecuadamente ante un error arbitral. Nuestras reacciones pueden influir en el árbitro provocando nuevos errores que incluso nos perjudiquen más que el primero.

Últimamente he podido disfrutar de algunos partidos de fútbol de la Liga BBVA y, en varios encuentros, se produjeron situaciones muy parecidas. El escenario en cuestión es un estadio a rebosar, un final de partido con el resultado muy apretado, dos equipos que se juegan sus objetivos y un árbitro que trata de hacer su trabajo lo mejor posible. Uno de los jugadores hace una falta dura a un rival y el árbitro la señala. Según suena el silbato, futbolistas de ambos equipos rodean al árbitro para pedirle explicaciones y para exigirle que sancione la falta con una tarjeta amarilla (“aunque si es roja, pues eso que nos llevamos”). El árbitro decide sancionar la acción con una tarjeta amarilla, ante lo que el jugador sancionado reacciona aumentando la intensidad y decibelios de su queja. El árbitro amonesta al jugador con la segunda tarjeta amarilla debido a sus protestas y las formas empleadas, conclusión: un jugador expulsado y notablemente enfadado, sus compañeros igualmente indignados con las decisiones arbitrales y una afición enfurecida cuyo punto de mira se centra en el árbitro.

Hasta aquí todo resulta bastante habitual o cotidiano, pero lo que me llamó la atención fue que los comentaristas (y digo comentaristas, no periodistas) concluyeron que “el árbitro es un profesional y a la hora de atender las quejas debe tener en cuenta que son los minutos finales y los jugadores se juegan mucho”. Es decir, los jugadores pueden quejarse de la manera que quieran y decirle lo que les apetezca al árbitro porque éste debe ser un buen profesional que entienda la situación en su conjunto. En mi opinión es totalmente a la inversa: un deportista (en este caso futbolista) tiene que ser lo suficientemente profesional como para saber controlar sus impulsos y emociones y si no es capaz, el árbitro hace bien en sancionarlo aunque ello implique una expulsión.

Otra situación tremendamente habitual en el mundo del deporte español es que cuando se amonesta a algunos de los mejores jugadores, estos se creen con derecho a “desahogarse” y decirle de todo al árbitro porque saben que no les van a amonestar de forma consecutiva porque ello significaría su expulsión de la competición. Los jugadores más temperamentales y que al mismo tiempo son considerados referentes, constituyen ejemplos habituales de este fenómeno. Lamentablemente, estas situaciones se producen con demasiada frecuencia y no son el ejemplo que debemos transmitir, especialmente a los jóvenes.

collina

“El futbol no es un juego perfecto; no comprendo por qué se quiere que el árbitro lo sea.”
Pierluigi Collina (1960-…)